Caso #38, Criptozoologia en Bejes, Cantabria

Categoría: Investigaciones



La llamada Osa de Andara es una mujer-osa, su rostro es el de una mujer madura sin serlo y de facciones desdibujadas, cuando se enfada bizquea; tiene enormes manos de color oscuro, es brava y forzuda pero rara vez demuestra su agresividad. Se vestía con un Jubón (prenda rígida que cubría desde los hombros hasta la cintura y que estuvo en boga en España en los siglos XV al XVII), con largos cabellos de color oscuro,  brazos y piernas cubiertos de pelo de oso. Desaparece con la llegada de las nieves. 

Mujer huidiza del ser humano, de costumbres toscas y salvajes pero a la vez capaz de criar y cuidar un rebaño de ovejas y rebecos que domesticaba desde su nacimiento, habitó en cuevas: en verano en el Grajal y Mancondio, y en invierno se desplazaba a las cavernas de la entrada de Ujo, por la parte de la Hermida.
Normalmente se alimenta de leche, castañas, raíces, maíz crudo y bayas de ciertos árboles y, en primavera y otoño se come crudos los cabritillos que pare su rebaño, a excepción de algunos que reserva para que no mengüe el mismo.

Si algo destaca la Osa de Andara es que es un ser que está a medio camino entre la leyenda y la realidad, pues al parecer fue una mujer real, que vivió en esta región de Picos de Europa, en la región de Andara, en la segunda mitad del siglo XIX. Su leyenda, presente entre las gentes de la Montaña, es recogida por varios autores y ya está pasando a formar parte de la mitología montañesa.

Hablamos con algunos vecinos de La Hermida que nos relatan otras versiones contadas por sus antepasados, nos cuentan que la mujer-osa era mas mujer que bestia y que no estaba loca, nunca atacaba a no ser que fuera atacada u hostigada, cosa muy común entre la gente de la época al ser diferente (hoy dia conocido como Bullying), por esto mismo evitaba acercarse a la gente.
Aunque hábil cazadora de animales pequeños, se alimentaba también del áspero manjar de madroños o aborios y frutos del serbal y grosellero, de panales de miel y de las bayas de ciertos árboles y arbustos. Su único ajuar era un recipiente grande de madera para la leche y un cuchillo con mango de cuerno; y su ropaje, un jubón gastado y recosido.
Cuando se enfadaba se ponía medio bizca, tenia grandes y callosas manos oscuras. Parece ser que cada cierto tiempo no solo esquilaba su rebaño, sino también a ella misma. A menudo vivía en la Cueva De La Mora, de Peña Ventosa, o en una taina existente en Áliva.

Cabe pensar en cualquier caso que si bien se trató de una mujer de aspecto velludo, tosco y de carácter humano, su posible existencia es posible que sea consecuencia de una enfermedad llamada hipertricosis, síndrome del hombre lobo, que es una enfermedad muy poco frecuente destacada por la existencia de un exceso de cabello, las personas que la padecen están cubiertas completamente, a excepción de las palmas de las manos y de los pies, por un vello lanugolargo, que puede llegar hasta los 25 centímetros, o de hirsutismo que produce el crecimiento excesivo de vello en mujeres, en zonas en las que no suelen tener. 
Hemos de considerar que nos encontramos en un tiempo sin tratamientos, de profundas creencias en las fuerzas de la naturaleza donde una mujer con ese problema buscaría el aislamiento de la sociedad y quizá ahí radica la existencia del mito, pero que en realidad compartiría fama con la mujer barbuda o viviría en los extintos circos de engendros.

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