martes, 31 de octubre de 2017

Ecos del pasado, el pantano del Ebro

Categoría: Investigaciones


A comienzos del siglo XX las sequías en el valle del Ebro impulsaron el proyecto de construir un gran embalse al sur de Cantabria. Inaugurado en 1952, el Pantano del Ebro es uno de los embalses más grandes e importantes de España. Se ubica cerca de Reinosa, a pocos kilómetros del nacimiento del río Ebro. Es el responsable de regular el caudal del Ebro para que el río no baje agotado durante el estiaje como era común hasta mediados del siglo XX.

El Pantano del Ebro conforma un paisaje muy singular. Ocupa una extensión considerablemente grande de la comarca campurriana y se interna en la provincia de Burgos. Sus aguas, rodeadas de altas montañas, inmensas praderas verdes y frecuentes brumas, encierran una belleza melancólica.

Pero en su inauguración el embalse inundó tres pueblos enteros: Quintanilla, Medianedo y La Magdalena.

Esta obra cambió para siempre no sólo el paisaje de la región, sino la vida de muchos campurrianos. El agua llegó hasta la iglesia de San Roque, rodeada de las casas que conformaban el pueblo de Villanueva de las Rozas
El pueblo, junto a sus vecinos, fueron sumergidos, desaparecieron bajo las turbulentas aguas, dejando esta iglesia solo su torre en un ultimo grito de auxilio, un recuerdo del lugar, un eco del pasado
 Pero gracias a la falta de lluvias que esta sufriendo España en 2017, en Octubre el pantano ha reducido a la mitad su caudal, permitiéndonos poder ver y pasear por parte del pueblo sumergido.
A escasos metros de la torre superviviente tenemos las viviendas, de las que solo quedan cúmulos de piedras entornando lo que antaño fue su posición, dejando los huecos de su lugar y las calles que lo confirmaban
 En esta imagen se puede apreciar perfectamente las piedras angulares que hacían de esquina en el comienzo de dos casas, dejando la calle en su centro, por donde tantos vecinos pasaron
 Pero no todo fue un campo de rosas, hablamos con los "niños" de esos pueblos sumergidos:
Campanas de mi lugar, os queremos de veras, cantasteis cuando nací y no cantaréis cuando me muera. 
A Remedios no se le va de la memoria la estrofa. Ni las voces que escuchó ese día. Ni la escena: 
la de un camión colorao que se llevaba las campanas de la iglesia y los mayores, sobre todo mujeres, lloraban, rezaban y recitaban...
Las campanas de mi pueblo... Llegaba el agua, el futuro embalse, el progreso les dijeron. Y ella, Remedios, y otras 1.619 personas, tuvieron que vivir un éxodo obligado, resistieron en sus pueblos, en sus casas todo lo que pudieron, pensando que mientras ellos siguieran ahí nadie les echaría de su hogar, pero al ingeniero le llego la orden de abrir las válvulas para que se llene el pantano, y así lo acato.

El agua comenzó a subir y los habitantes vieron el horror cuando el agua les llegaba por la cadera, abandonaron casas y pueblos, emigraron y fueron los fundadores de otro lugar, Polledo de nombre. 

Pero no todos pudieron escapar, el agua se embalsó y se tragó todo, dejó y creó decenas de historias. Para cientos de lugareños, antaño niños, inundó vidas y así lo recuerdan. Un camión colorao en el que cargaron las campanas, corría 1947.
Este es el relato de Remedios Sainz Gutiérrez, es el caso, también, de otros de sus vecinos, hoy del pueblo de Polledo y entonces de Quintanilla de Valdearroyo (25 habitantes), tragada por las aguas y espectral desde entonces. Los recuerdos de Remedios y los de Severina Aguayo Sainz y los de Octavio y Primitivo Sierra Gutiérrez son idénticos. Los cuatro eran niños de Quintanilla de Valdearroyo y todos
Ayudamos a nuestros padres a trasladar lo que teníamos en nuestras casas hasta esa nueva morada protegida de las aguas del pantano. 
Y cuando citan las viejas casas, remachan: 
Aquellas que tantos esfuerzos les costó a nuestros progenitores. 
Hasta entonces, su vida había sido una más, como la de cualquier infante que vive pegado al terruño y al campo. 
Todo era normal hasta que el agua llegó a las casas
Letanía perenne repetida, la vida por entonces no era sencilla. Severina recuerda a su Quintanilla como un pueblo tranquilo. 
Se trabajaba mucho, pero era ley de vida y había que ayudar a los padres, que no paraban ni un momento
Y para comer, lo justo: 
Mi madre cocía de noche pues no te dejaban porque estaba prohibido; alguna vez, aunque era excepcional, se mataba alguna gallina o alguna oveja. No teníamos mucho pero hambre no pasábamos
 Día a día, hasta que llegó el agua.
Como hemos mencionado antes:
Pero no todos pudieron escapar, el agua se embalsó y se tragó todo, dejó y creó decenas de historias. 
 ¿Que más misterios, recuerdos, habitantes, ... guarda el pantano? Solo sus gélidas y opacas aguas lo saben, y de vez en cuando lo comparten con algún buceador afortunado, o las épocas de sequía le obligan a revelar parte de sus oscuros y tenebrosos secretos...

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